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Ven a mí, acércate, acércate más, más cerca. Dame tu mano y por el camino de mi mano pásate y éntrate en mi corazón. Escucha lentamente para que puedas entender estas palabras que en mis labios tiemblan. Verás mis palabras caer en el aire, como si fueran pequeñas balsas próximas a naufragar su contenido. Acógelas. Sé tú como una blanda orilla de mar a donde mis palabras recalaran. Acércate más, más cerca. Dame tu mano. En mis historias encontrarás lo que es limpio, lo que es bello, lo que transparente brota de mí como una flor. Acógelas, sé tú como una blanda orilla, donde mis palabras recalaran. Acércate más, más cerca. Pero ¡ay de mí!, si estando tú en mi corazón, yo abro los ojos y te busco en el viento y en la nube, y otra vez me encuentro solo, completamente solo bajo el viento. Autor: Andrés Henestrosa
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¿Qué es esto? ¡Prodigio!
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besóme las manos, y en ellas,
¡Oh gracia! brotaron rosas como estrellas.
Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto,
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.
Y murmura al verme la gente que pasa:
-¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas!
¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de éstos y que sólo entiende,
que no nacen rosas más que en los rosales!
¡Y que no hay más trigo que el de los trigales!
Que requiere líneas y color y forma
y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: -voy con la dulzura,
de inmediato buscan a la criatura.
Que me digan loca, que en celda me encierren,
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo, carcelero fiel.
Cantaré lo mismo: -Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia,
de un inmenso ramo de rosas de Francia!
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¿No me ves sumergida en el silencio, y amordazada en soledad y olvido? Al pasar por la sombra de mi vida, dame la mano y llévame contigo.
Te esperé tantos años sin saberlo, perdida dentro de mi laberinto… ahora que me has abierto la salida, dame la mano y llévame contigo.
No quiero abrir el libro del pasado, porque detesto cuanto en él he escrito; uno en blanco abriré para tu pluma; dame la mano y llévame contigo.
Llena mis hojas de apretada letra, yo no quiero escribir, hazlo tú mismo, enrojeciéndome de sangre y fuego; dame la mano y llévame contigo.
Dondequiera que vayas, te acompaño, porque haré tu camino mi camino; déjame despertar en tus mañanas; dame la mano y llévame contigo.
No he de mirar atrás, sólo adelante; perdí el pasado, y el futuro es mío; no te quiero perder; dame la mano, dame la mano y llévame contigo.
Francisco Alvarez |
Estoy pegado a ti como una liana, enredado en tu savia, hecho polvo en el hueco de tu mano, diluido en tu esencia, como un idealizado Sancho ligado a su Quijote, cabalgando y viviendo al borde de tus huellas.
Soy lo correlativo, no tengo nombre propio, tu me nombras, con un ínfimo gesto, con un guiño me quiebras, solo con desearlo, me envías o me llevas.
Estoy pegado a ti como un siamés del alma, y en la danza de las desigualdades, soy el uno mas uno igual a uno de tu divina matemática.
Me tienes contenido en tu inmateria, tan sin secreto, tan averiguado y transparente, que me crecen cristales y luces en la noche.
Estoy a la deriva de mi mismo, aunque seguro y atrapado en el vórtice de tu todo infinito.
No tengo más origen que la esperanza del lucido ladrón crucificado.
Soy una consecuencia, un efecto, un satélite, sombra, imagen, soplo, eco, transpiración, reflejo.
Si en la eterna jornada de tu tacto, sientes el cosquilleo de mi intimo reclamo, permíteme seguir parasitando en tu costado abierto hasta el alba más alba.
Soy libre... rotundamente libre; sigo pegado a ti, no peso nada... nada.
Rodolfo Loyola | | Ya no soy la niña amarga que tenía un mar de llanto y alta ortiga por el alma. Ya no soy la niña enferma que al oír risas lloraba; ya salí del solitario bosque que me acorralaba.
Ahora soy la niña verde, porque floreció mi calma. Ya no soy la loca triste, ya no soy la niña blanca,
nuevo amor ha traspasado con el nardo de su lanza mi corazón, que ahora tiene un nombre de menta y ámbar.
¡Ay cuánta sonrisa noto que trepa por mis espaldas! ¡Qué brillo tienen mis ojos -viudos de siete mil lágrimas-!
La vida me sabe a verso y los besos a manzana. -El monte arregla sus pinos, por las rocas el mar baila-.
El amor danza en mi pecho. ¡Ya me quiere! ¡Ya me aguarda! Ya no soy la loca triste, que al oír risas gritaba; Ahora soy la niña dulce, ya no soy mujer amarga.
Gloria Fuertes | 
... voy a salir, y de mis cosas sólo tomaré un girasol del jarrón y los besos amelcochados de mis hijos
Porque salirme de aquí no significa que renuncio a la ternura, a los mimos recíprocos, a los debates de política o de sexo No significa que no me salte dos o tres versos de Benedetti a propósito para reafirmar al mundo que “sé que voy a quererte sin preguntas, sé que vas a quererme sin respuestas”(...)
No significa que comenzaré a alzar la voz para hacerme notar.
Salir ahora significa despojarme de las miserias humanas, optimista participar en la construcción del camino que todavía no existe movida justa e infaliblemente por la utopía, pregonar el júbilo que llevo clavado “al sur de la garganta”
y desordenarme toda ante una mirada excitante, sin perder la perspectiva.
Significa que me atrevo a transitar de oruga a mariposa sin congelar las ganas de seguir edificando la escuela “con las mismas manos que te acaricio”
Voy a salir sin miedo, como la mujer completa que soy a la que aguarda el ser humano mejor que eres. (fragmento) Y entonces...
y me volví rumor para tocar tu oído, desafié desencuentros para quedarme a tu lado, permanecí insomne para no perturbar tu sueño.
Después de todo esto, pregunto: ¿quién seré cuando acabe tu sonrisa? ¿volveré a ser lágrima, cuando termine tu llanto? ¿me tomarás otra vez como el cuerpo tibio que calienta tu invierno?
Entonces, me esconderé en las nubes para precipitarme lluvia sobre ti, dejaré que me arrastre el río del olvido hasta el océano de tu recuerdo, y un día cuando creas que partí para siempre seré la tierra fértil donde germines. Autor: Reina Torres Pérez
Estoy en esa edad en la que un hombre quiere por encima de todo ser feliz, cada día. Y al júbilo prefiere la callada alegría y a la pasión que mata, la renuncia que hiere. Vivir entre las cosas mientras que el tiempo pasa -cada vez menos tiempo para las mismas cosas- y elegir las que valen una vida: las rosas y los libros de versos, y el viaje y la casa. Hasta ahora he vivido perdido en el mañana --seré, seré, decía-o en el pasado -he sido o pude ser pensaba-y el mundo se me iba. Ahora estoy en la edad en la que una ventana es cualquier aventura, y un regalo el olvido. Ya no quiero más luz que tu luz mientras viva. Autor: RAFAEL JUAREZ ORTIZ (De Lo que vale una vida, 2001).
CREDO No acostumbro a decir amo... te amo, sino cuando el amor me inunda todo, desde los ojos hasta los zapatos. Mi cuerpo es una sola verdad y cada músculo resume una experiencia de entusiasmo. Una vez dije: ¡sufro! Y era que el sufrimiento agitaba a mi lado sus cascos de caballo. Y siempre digo: espero. Porque a mí me podrían arrancar el recuerdo como un brazo, pero no la esperanza, que es de hueso, y cuando me la arranquen dejaré de ser esto que te estrecha las manos. Creo en todos los frutos que tienen jugo dulce, y creo que no hay frutos que tengan jugo amargo. No es culpa de los frutos si tenemos el paladar angosto y limitado. Creo en el corazón del hombre, creo que es de pura caricia, a pesar de las manos que a veces asesinan, sin saberlo, y manejan fusiles sanguinarios. Creo en la libertad, a pesar de los cepos, a pesar de los campos alambrados. Creo en la paz, amada, a pesar de las bombas ya pesar de los cascos. Creo que los países serán un solo sitio de amor para los hombres, a pesar de los pactos, a pesar de los límites, los cónsules, a pesar de los libres que se dan por esclavos. Y creo en el amor, en este amor de acero que va fortaleciendo las piernas y los brazos, que trabaja en secreto, a escondidas del odio y del escarnio, que debajo del traje se hace músculo, órgano, experiencia, nervio, ganglio, a pesar del rencor que nos inunda el corazón de funerales pájaros. Yo creo en el amor más que en mis ojos, y más que en el poder y el entusiasmo. |  He querido marcharme, lo confieso. Dejar esta tristeza sin quejidos y buscar un dolor sin retroceso que me peine el cabello con gemidos. He querido arrancarme este gran peso de tener los dos brazos encogidos y no saber si voy o si regreso, porque tengo los ojos entumidos. Sin embargo, lo digo, me da miedo. Hay llantos que me apuntan con el dedo desde todos los sitios de tristeza. Por eso aquí me tienes, recostado, con el dolor pequeño y arrugado mordiéndole la punta a la pereza. | Inventario de tristezas "Las alegrías compartidas se multiplican y las tristezas compartidas se dividen" Sobre esta mesa, sin mantel, ni luna,
podemos calcular nuestras tristezas.
tú llevas los apuntes, tú las pesas,
las rotulas después una por una.
Luego recogeremos
cada uno las suyas,
en montones separados.
Así sabremos sin dudar,
si alguno tenía penas de sobra en los costados.
Y luego -si tú quieres-
las juntamos en un solo montón sobre la mesa.
Las colocamos bien, las entregamos a la ley sin soborno de la pesa.
Después nos repartimos, como hermanos,
cada uno la mitad de la tristeza.
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 Quitaros esa máscara, la tristeza no es más que una careta, puede durar tanto como tardes en quitártela tú mismo, prueba. Estás provocándote llanto artificial, hermano; Nos cogemos las manos y no decimos que se siente nada. Poco a poco se va mezclando nuestra sangre en los encuentros. Un buen día acabaremos por ser la misma cosa. Libres somos. Frecuentamos el dolor porque queremos, como pudiéramos frecuentar el parque. Hablamos de mutuas soledades, hablamos de aventuras que tuvimos, de que todo está lejos, de que es difícil. Y nunca hablamos de esto maravilloso que nos va Quién dijo que la melancolía es elegante? Quitaros esa máscara de tristeza, Siempre hay motivo para cantar, para alabar al santísimo misterio, no seamos cobardes, corramos a decírselo a quien sea, siempre hay alguien que amamos y nos ama. Gloria Fuertes |
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Autor: Juan Antonio Bermúdez
Apuntes para otra poética, 2007
Nadar contra corriente. 
Ese es el plan.
Cada uno lo sigue a su manera.
Hay quien se abraza a un árbol
y quien mide las nubes,
quien se arrodilla y quien se alza,
quien se persigna y quien abjura.
Sortear aduanas ortográficas,
recolectar parábolas, excitar
a los umbríos rumiantes del idioma.
Nadar contra la terca acometida,
desanudar la telaraña.
Nadar sin brújula
ni orillas a la vista.
No hundir al otro en nuestro nado.
No hundir al otro.
| | Amor desde la sombra, desde el dolor, amor, te estoy llamando desde el pozo asfixiante del recuerdo, sin nada que me sirva ni te espere. Te estoy llamando amor, como al destino, como al sueño a la paz, te estoy llamando con la voz, con el cuerpo, con la vida, con todo lo que tengo y que no tengo. Con desesperación, con sed, con llanto, como si fueras aire y yo me ahogara, como si fueras luz y me muriera.
Desde una noche ciega, desde olvido; desde horas cerradas, en lo solo... sin lágrimas, ni amor, te estoy llamando como a la muerte amor... como a la muerte.
|  Hablando conmigo, sin ti. Anoche conversé con mi pasado en el secreto que da la intimidad, —ese silencio lento, no amaestrado que junta pasos— cuando las alforjas se vacían de proyectos y faltan los disfraces de mis dedos en tus dedos.
Ya nada impide el beso, salvo el beso. Nos besamos en los besos, no en los labios. Porque los labios que quiero están distantes. No son mis labios. Son tus labios. Son cómo pájaros que vuelan disimulos, ordenan las cosas distraídas y archivan los olvidos de tu frente en mis manos de ciego, cuando callas.
Anoche conversé con mi pasado en medio de los puntos cardinales. Le hablaba de tu entrega, de tu talle, de cómo yo inventaba tus caricias, abotonando la sorpresa que dormía en el secreto sin secreto de tu almohada imaginaria;
ya sin traje de descanso, perfilando los colores de la huida, en el dibujo de la esencia, escaparate desnudo del tiempo, buzón de los abrazos, todo entero, caminando hacia el mañana.
Anoche, conversé con mi pasado, y en la arruga del silencio faltaban tus palabras. José María Pinilla José María Pinilla (1951-2009): El 13 de Marzo 2009, falleció el poeta José María Pinilla, también conocido como “Atenas”, de 58 años, natural de Barcelona. Autor de numerosas letras de canciones editadas desde 1968. En 1971 escribe su primer libro de poemas “poemas a través de un amigo”. En 1972 presenta al concurso “La mano en el cajón” su libro de poemas “Huellas Ocultas”. En 1973 escribe “Cantos con piel”. En 1983 da a luz su libro de poemas alegóricos “Poemas antigeométricos”. Colaborando siempre en diversas revistas del sector. En transito fue una de sus obras mas recientes (2002) tras un necesario paréntesis literario a esta obra le siguieron ; Renacer (2003). Terraza de Verano, (2004); Umbral de Tolerancia, (2006), Los Subtítulos del Corsario, (2007), Las palabras del náufrago, (2007); El libro de las excusas: 2007, Erratas de Fe, (2007). Presente en Diversas antologías. Premios Literarios: “Poesía en el Corral” 2007, “Premio de Poesía Luys Santa Marina”2007, Certamen de Poesía “José María de los Santos”, 2006, Ciudad de Órgiva, 2006, “Carta Puebla”, 2006, “Certamen literario Benferri, 2006, Premio Internacional de Poesía “De las Dos Orillas”, Montevideo, 2007, Distinción “Salomé Ureña de Henríquez”, 2007, de la República Dominicana, en reconocimiento a su trayectoria e invalorable aporte a las letras. Medalla de oro, 2006 (Lima – Perú), por sus méritos literarios y de unión entre los pueblos hispánicos. El 26 de Marzo a las 7 de la tarde, se le haría entrega en Aranda del Duero (Burgos) El Premio Villa de Aranda por su obra: “Caminos Invertebrados” Descanse en paz.
| Si soy la consecuencia de lo vivido,
me quedo en paz con el origen
y miro esperanzado la próxima encrucijada.
Si mi vida me ha traído hasta este punto del camino,
me tomo un descanso a su vera
para observar los tres puntos de convergencia:
el largo pasado de peregrino,
el futuro que me espera,
y este exacto lugar del presente que bendigo.
En la dicha solariega que hoy me regala mi camino,
encuentro la fuerza que antes no tenía.
En ese buscar de todos los días,
he hallado algunas flaquezas y mezquindades.
Mas no las reniego; si están aquí es porque las
necesito para continuar en el sendero.
Y así...
me hago cargo de logros
y puntos no resueltos hasta ahora.
En paz con la convergencia del Tiempo, en esta hora...
disfrutando de los extremos
y del presente con convicciones
y algunas certidumbres que se cuelan
con los hilos de luz entre las hojas.
Autor: Juan José Mestre
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Descienden taciturnas las tristezas al fondo de mi alma, y entumecidas, haraposas, brujas, con uñas negras mi vida escarban.
De sangre es el color de sus pupilas, de nieve son las lágrimas, hondo pavor me infunden..., yo las amo por ser las solas que me acompañan.
Aguárdolas ansioso, si el trabajo de ellas me separa, y búscolas en medio del bullicio, y son constantes y nunca tardan.
En las fiestas, a ratos se me pierden o se ponen la máscara, pero luego las hallo, y así dicen: -¡Ven con nosotras! Vamos a casa.
Suelen dejarme cuando, sonriendo, mis pobres esperanzas como enfermitas ya convalecientes salen alegres a la ventana.
Corridas huyen, pero vuelven luego y por la puerta falsa entran trayendo como nuevo huésped alguna triste lívida hermana.
Abrese a recibirlas la infinita tiniebla de mi alma, y van prendiendo en ella mis recuerdos cual tristes cirios de cera pálida.
Entre esas luces, rígido tendido, mi espíritu descansa; y las tristezas, revolando en torno, lentas salmodian, rezan y cantan.
Escudriñando el húmedo aposento rincones y covachas, el escondrijo do guardé cuitado todas mis culpas, todas mis faltas, y hurgando mudas, como hambrientas lobas, las encuentran, las sacan, y volviendo a mi lecho mortuorio me las enseñan y dicen: Habla.
En lo profundo de mi ser bucean, pescadores de lágrimas, y vuelven mudas con las negras conchas en donde brillan gotas heladas.
A veces me revelo contro ellas y las muerdo con rabia, como la niña desvalida y mártir muerde a la arpía que la maltrata.
Pero en seguida, viéndose impotente, mi cólera se aplaca. ¿Qué culpa tienen, pobres hijas mías, si yo las hice con sangre y alma?
Venid, tristezas de pupila turbia, venid, mis enlutadas, las que viajáis por la infinita sombra donde está todo lo que se ama.
Vosotras no engañáis; venid, tristezas, oh, mis criaturas blancas abandonadas por la madre impía, tan embustera, por la esperanza!
¡Venid y habladme de las cosas idas, de las tumbas que callan, de muertos buenos y de ingratos vivos... Voy con vosotras, vamos a casa.
PARA ENTONCESQuiero morir cuando decline el día, en alta mar y con la cara al cielo, donde parezca sueño la agonía y el alma un ave que remonta el vuelo.
No escuchar en los últimos instantes, ya con el cielo y con el mar a solas, más voces ni plegarias sollozantes que el majestuoso tumbo de las olas.
Morir cuando la luz retira sus áureas redes de la onda verde, y ser como ese sol que lento expira; algo muy luminoso que se pierde.
Morir, y joven; antes que destruya el tiempo aleve la gentil corona, cuando la vida dice aún: "Soy tuya", aunque, sepamos bien que nos traiciona.
Nunca he tenido dioses y tampoco sentí la despiadada voluntad de los héroes. Durante mucho tiempo estuvo libre la silla de mi juez, y no esperé juicio en el que rendir cuentas de mis días.
Decidido a vivir, busqué la sombra capaz de recogerme los veranos y la hoguera dispuesta a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio, no tuve prisa, dejé cruzar la rueda de los años. Estaba convencido de que existir no tiene trascendencia porque la luz, siempre fugitiva sobre la oscuridad, es un resplandor en medio del vacío.
Y de pronto, en el bosque se encendieron los árboles de las miradas insistentes, el mar tuvo labios de arena igual que palabras dichas en un rincón, el viento abrió sus manos... Entonces comprendí que la inmortalidad puede cobrarse por adelantado. Una inmortalidad que no reside en plazas con estatua, en nubes religiosas, o en la plastificada vanidad literaria, llena de halagos homicidas y murmullos...
Me basta con la vida para justificarme. Y cuando me convoquen a declarar mis actos aunque sólo me escuche una silla vacía, será firme mi voz.
No por lo que la muerte me prometa... sino por todo aquello que no podrá quitarme.
(fragmento) Luis García Montero
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TENGO UN AMOR TAN HECHO, TAN SENTIDO...
Tengo un amor tan hecho, tan sentido,
que pesa como un cuerpo recordado;
es sombra, apenas sombra; es un delgado
consuelo día a día comprendido.
A veces cuando llego a estar vencido
yergue lo que hay en mí desamparado;
a veces, cuando vivo desolado
siembra su ley -¡revuelo!- en mi tejido.
Y es fresco, y es naciente, y me acompaña
-con una edad distinta- procurando
ser ángel de mi sed, cielo, ventura.
Quiere que mariposa sea mi entraña;
y cuando voy gimiendo él va cantando
para debilitarme la amargura.
Autor: Enrique Azcoaga: Poeta, ensayista, novelista y crítico literario español nacido en Madrid en 1912.
Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1933. Falleció en 1985.
Te arrrullaré
Te arrullaré niño mío
hasta que cansada mi voz
repose en beso.
Seré tu sábana
hasta que inertes mis manos
se vuelvan caricias.
Regálame eternidad niño
hasta que mi alma frágil
se te torne cielo.
Pero ven pronto,
que el silencio aturde
y este miedo abruma.
G r i t a r
Gritar mis aciertos y desiertos,
mi aurora, mi ocaso.
Estrujar la garganta con hilos de nubes
o enjambre de sedientas agujas.
Que no retorne el eco, que no se bifurque el sonido.
Gritar de pie, con mi cetro, con mi vagabundo despojo.
Gritar ante águilas aguerridas
o ínfimas campanas.
Gritar y ser hormiga, neón, disfraz,
sucumbir ante mis absurdos, clonar mis odiseas y
que estas sean eternas proezas.
Gritar con el silencio,
con todo mi humo, con el negro alquitrán,
despojarme de la ira y ser viajero errante.
Gritar gritando todo,
gritando nada
hasta que resurjan las palabras que olvidé.
Herido/huérfano...
No me percaté del tiempo veloz
hasta que mis ramas olvidaron los nidos.
Fui quien olvidó su jaula y extravió la puerta.
Ahora, herido huérfano, añoro al niño que perdí. Inclementes, ríen los almanaques.
Escombro
De nuevo hago las maletas para retornar a ningún sitio.
Bostezaré todos mis descansos, en cada insomnio despertaré. Exiliaré mis dudas, conservaré alguna certeza. Me subiré al espanto de tener prisa, pernoctaré en cada desconcierto.
Beberé el veneno que saciará mi antídoto. Arriesgaré mis noches por un poco de sol.
Siendo escombro sabré que muros firmes me aguardan.
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Centímetro a centímetro piel, cabello, ternura, olor, palabras... mi amor te va tocando. Voy descubriendo a diario, convenciéndome de que estás junto a mí; de que es posible y cierto; que no eres, ya, la felicidad imaginada, sino la dicha permanente, hallada, concretísima; el abierto aire total en que me pierdo y gano. Qué delicia incomprensible la de verte de lejos y soportar los golpes de alegría que de mi corazón ascienden al acercarme a ti por vez primera; siempre por vez primera, a cada instante. Y al mismo tiempo, así, juego a perderte y a descubrirte, y sé que te descubro siempre mejor de como te he perdido. Es como si dijeras búscame... y a oscuras yo empezara a buscarte, y torpemente te preguntara ¿estás allí? y salieras riendo del escondite, tú misma, sí, en el fondo; pero envuelta en una luz distinta, en un aroma nuevo, con un vestido diferente. Autor: Ruben Bonifaz Nuño Tú eres más que mis ojos… Autor: Carlos Pellicer Tú eres más mis ojos porque ves lo que en mis ojos llevo de tu vida. Y así camino ciego de mí mismo, iluminado por mis ojos que arden con el fuego de ti. Tú eres más que mi oído porque escuchas lo que en mi oído llevo de tu voz. Y así camino sordo de mí mismo lleno de las ternuras de tu acento. ¡La sola voz de ti! Tú eres más que mi olfato porque hueles lo que mi olfato lleva de tu olor. Y así voy ignorando el propio aroma, emanando tus ámbitos perfumes, pronto huerto de ti. Tú eres más que mi lengua porque gustas lo que en mi lengua llevo de ti sólo, y así voy insensible a mis sabores saboreando el deleite de los tuyos, sólo sabor de ti. Tú eres más que mi tacto porque en mí tu caricia acaricias y desbordas. Y así toco en mi cuerpo la delicia de tus manos quemadas por las mías. Yo solamente soy el vivo espejo de tus sentidos. La fidelidad del lago en la garganta del volcán. | Deja aqui tu comentario!!

No reacciones, mantén el control.
No es bueno que cualquiera te controle. Conserva tus impulsos junto a la prudencia. Aunque así lo parezca, nadie tiene el poder para ofenderte. El problema no está en lo que te acontece. Está en lo que piensas acerca de lo que te acontece. No reacciones, mantén el control.
Un grito, un desplante o una ofensa, surgen de la debilidad del agresor. Mira su angustia, su soledad, su miedo, su vacío. Mira su tristeza, su dolor, su frustración y su envidia. Entonces podrás hacerte inmune a sus agravios. No reacciones, mantén el control.
Usa tu inteligencia y conviértete en la niebla. La niebla no sufre, pues se deja atravesar y no responde. Recuerda que cada quien es esclavo de su inconsciencia. De sus niveles de ignorancia o de sabiduría. Cada quien decide el tamaño de su cárcel. Y el instrumento de medida está en su mente. No reacciones, mantén el control.
Quien parece presionarte y agredirte, solo te toma como excusa para equilibrar su miedo. El trueno estalla únicamente para expresarse. Y aunque muchos se asustan, él no desea aterrorizarles. Maneja tus emociones. No las reprimas, aprende a dirigirlas. No reacciones, mantén el control.
No cedas fácilmente a las provocaciones. Quien te presiona no desea dañarte sino sentirse mejor. Aprende a comprender las motivaciones de las personas. Aprende a dirigir tus emociones.
Autor: Renny Yagosesky
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Crezco y no aprendo a crecer, no me desilusiono, ni me vuelvo mujer envuelta en velos, descreída de todo, lamentando su suerte.
No. Con cada día, se me nacen los ojos del asombro, de la tierra parida, el canto de los pueblos, los brazos del obrero construyendo, la mujer vendedora con su ramo de hijos, los chavalos alegres marchando hacia el colegio.
Si. Es verdad que a ratos estoy triste y salgo a los caminos, suelta como mi pelo, y lloro por las cosas más dulces y más tiernas y atesoro recuerdos brotando entre mis huesos y soy una infinita espiral que se retuerce entre lunas y soles, avanzando en los días, desenrollando el tiempo con miedo o desparpajo, desenvainando estrellas para subir más alto, más arriba, dándole caza al aire, gozándome en el ser que me sustenta, en la eterna marea de flujos y reflujos que mueve el universo y que impulsa los giros redondos de la tierra. Soy la mujer que piensa. Algún día mis ojos encenderán luciérnagas.
Gioconda Belli
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