Ven a mí, acércate, acércate más, más cerca. Dame tu mano y por el camino de mi mano pásate y éntrate en mi corazón. Escucha lentamente para que puedas entender estas palabras que en mis labios tiemblan. Verás mis palabras caer en el aire, como si fueran pequeñas balsas próximas a naufragar su contenido. Acógelas. Sé tú como una blanda orilla de mar a donde mis palabras recalaran. Acércate más, más cerca. Dame tu mano. En mis historias encontrarás lo que es limpio, lo que es bello, lo que transparente brota de mí como una flor. Acógelas, sé tú como una blanda orilla, donde mis palabras recalaran. Acércate más, más cerca. Pero ¡ay de mí!, si estando tú en mi corazón, yo abro los ojos y te busco en el viento y en la nube, y otra vez me encuentro solo, completamente solo bajo el viento. Autor: Andrés Henestrosa
|
¿Qué es esto? ¡Prodigio!
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besóme las manos, y en ellas,
¡Oh gracia! brotaron rosas como estrellas.
Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto,
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.
Y murmura al verme la gente que pasa:
-¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas!
¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de éstos y que sólo entiende,
que no nacen rosas más que en los rosales!
¡Y que no hay más trigo que el de los trigales!
Que requiere líneas y color y forma
y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: -voy con la dulzura,
de inmediato buscan a la criatura.
Que me digan loca, que en celda me encierren,
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo, carcelero fiel.
Cantaré lo mismo: -Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia,
de un inmenso ramo de rosas de Francia!
|
Autor: Luis G. Urbina
|
Humorismos tristes
¿Qué si me duele? un poco,  te confieso que me heriste a traición, mas por fortuna tras el rapto de ira, vino una dulce resignación... pasó el acceso.
¿Sufrir? ¿Llorar? ¿Morir? ¿Quién piensa en eso? El amor es un huésped que importuna, mírame cómo estoy, ya sin ninguna tristeza que decirte, dame un beso.
Así, muy bien, perdóname, fui un loco,
tú me curaste -gracias-, y ya puedo saber lo que imagino y lo que toco. En la herida que hiciste, pon el dedo, ¿Qué si me duele? Sí, me duele un poco, mas no mata el dolor... no tengas miedo...
La visita
Ha de venir. Vendrá.  ¿Cuándo?... No sé. Muy pronto. Escucho ya su voz remota y sus pisadas oigo. Abre la puerta, alma; que no te tenga que llamar. Y que esté dispuesto todo: apagado el fogón, limpia la casa, y el blanco cirio de la fé, en el fondo. Ha de venir. Vendrá. Calladamente me tomará en sus brazos. Así como la madre al niño que volvió cansado de correr bosques y saltar arroyos. Yo le diré en voz baja: -Bienvenida-, y sin miedo, ni asombro, me entregaré al Misterio, pensaré en Dios y cerraré los ojos.
|

¿No me ves sumergida en el silencio, y amordazada en soledad y olvido? Al pasar por la sombra de mi vida, dame la mano y llévame contigo.
Te esperé tantos años sin saberlo, perdida dentro de mi laberinto… ahora que me has abierto la salida, dame la mano y llévame contigo.
No quiero abrir el libro del pasado, porque detesto cuanto en él he escrito; uno en blanco abriré para tu pluma; dame la mano y llévame contigo.
Llena mis hojas de apretada letra, yo no quiero escribir, hazlo tú mismo, enrojeciéndome de sangre y fuego; dame la mano y llévame contigo.
Dondequiera que vayas, te acompaño, porque haré tu camino mi camino; déjame despertar en tus mañanas; dame la mano y llévame contigo.
No he de mirar atrás, sólo adelante; perdí el pasado, y el futuro es mío; no te quiero perder; dame la mano, dame la mano y llévame contigo.
Francisco Alvarez |
Estoy pegado a ti como una liana, enredado en tu savia, hecho polvo en el hueco de tu mano, diluido en tu esencia, como un idealizado Sancho ligado a su Quijote, cabalgando y viviendo al borde de tus huellas.
Soy lo correlativo, no tengo nombre propio, tu me nombras, con un ínfimo gesto, con un guiño me quiebras, solo con desearlo, me envías o me llevas.
Estoy pegado a ti como un siamés del alma, y en la danza de las desigualdades, soy el uno mas uno igual a uno de tu divina matemática.
Me tienes contenido en tu inmateria, tan sin secreto, tan averiguado y transparente, que me crecen cristales y luces en la noche.
Estoy a la deriva de mi mismo, aunque seguro y atrapado en el vórtice de tu todo infinito.
No tengo más origen que la esperanza del lucido ladrón crucificado.
Soy una consecuencia, un efecto, un satélite, sombra, imagen, soplo, eco, transpiración, reflejo.
Si en la eterna jornada de tu tacto, sientes el cosquilleo de mi intimo reclamo, permíteme seguir parasitando en tu costado abierto hasta el alba más alba.
Soy libre... rotundamente libre; sigo pegado a ti, no peso nada... nada.
Rodolfo Loyola | | Ya no soy la niña amarga que tenía un mar de llanto y alta ortiga por el alma. Ya no soy la niña enferma que al oír risas lloraba; ya salí del solitario bosque que me acorralaba.
Ahora soy la niña verde, porque floreció mi calma. Ya no soy la loca triste, ya no soy la niña blanca,
nuevo amor ha traspasado con el nardo de su lanza mi corazón, que ahora tiene un nombre de menta y ámbar.
¡Ay cuánta sonrisa noto que trepa por mis espaldas! ¡Qué brillo tienen mis ojos -viudos de siete mil lágrimas-!
La vida me sabe a verso y los besos a manzana. -El monte arregla sus pinos, por las rocas el mar baila-.
El amor danza en mi pecho. ¡Ya me quiere! ¡Ya me aguarda! Ya no soy la loca triste, que al oír risas gritaba; Ahora soy la niña dulce, ya no soy mujer amarga.
Gloria Fuertes |   De pronto supe que era mío el cuerpo que pasaba amortajado y hueco delante del espejo.
Reconocí el cerrojo oxidado en el pecho la mirada hacia dentro, la boca precintada, la tormenta en la piel.
Me observé descansando del aire, del reloj, de la huida, en almohadas de páginas yermas; el gesto ladeado, los ojos entreabiertos, los labios dibujados con restos de sonrisas.
De pronto pude ver el estrago y la arruga clavados en los dedos aferrados al sueño, doblegando sus miedos en el mármol desnudo.
Vi la desesperanza surcar las alamedas, las mortales heridas escupieron sus hilos de sutura sobre oscuros presagios, y una hostil espesura se enraizó lentamente en mis pies.
Y me senté a contemplar el roce del instante que cruzaba el espejo.
Burbujas de silencio se tragaron los brotes de lo que iba naciendo, y estallaron en el aire dispersándose en brumas que taladran las noches.
Descubrí entre los brazos sarmentosos del eco una vida de magnitudes nuevas envuelta en lo infinito, y ese envoltorio sí parece a mi alcance.
Veo pasar de largo las frías cuchilladas y el acero ni siquiera me toca; mis pies ya no lloran caminos ni cansancios porque todo se deposita en mí sin tener que avanzar.
Y siento la razón de ser mujer.
Yose Álvarez-Mesa ®YOSE/2006
 | Ya no abrigo esperanzas para darles calor ni las mimo y las crío entre algodones ni las voy recogiendo una a una por los rincones reuniéndolas en el centro de la sala para que parezcan más ni abro mucho los ojos para verlas mejor cuando se hacen pequeñas ni levanto la guardia cuando crecen y crecen y ocupan todos los espacios ni las cuento cada noche para no olvidar ninguna ni voy en su busca si una se me perdió ni invento para ellas vientos que las reanimen cada vez que agonizan porque hoy están todas absolutamente muertas. |
... voy a salir, y de mis cosas sólo tomaré un girasol del jarrón y los besos amelcochados de mis hijos
Porque salirme de aquí no significa que renuncio a la ternura, a los mimos recíprocos, a los debates de política o de sexo No significa que no me salte dos o tres versos de Benedetti a propósito para reafirmar al mundo que “sé que voy a quererte sin preguntas, sé que vas a quererme sin respuestas”(...)
No significa que comenzaré a alzar la voz para hacerme notar.
Salir ahora significa despojarme de las miserias humanas, optimista participar en la construcción del camino que todavía no existe movida justa e infaliblemente por la utopía, pregonar el júbilo que llevo clavado “al sur de la garganta”
y desordenarme toda ante una mirada excitante, sin perder la perspectiva.
Significa que me atrevo a transitar de oruga a mariposa sin congelar las ganas de seguir edificando la escuela “con las mismas manos que te acaricio”
Voy a salir sin miedo, como la mujer completa que soy a la que aguarda el ser humano mejor que eres. (fragmento) Y entonces...
y me volví rumor para tocar tu oído, desafié desencuentros para quedarme a tu lado, permanecí insomne para no perturbar tu sueño.
Después de todo esto, pregunto: ¿quién seré cuando acabe tu sonrisa? ¿volveré a ser lágrima, cuando termine tu llanto? ¿me tomarás otra vez como el cuerpo tibio que calienta tu invierno?
Entonces, me esconderé en las nubes para precipitarme lluvia sobre ti, dejaré que me arrastre el río del olvido hasta el océano de tu recuerdo, y un día cuando creas que partí para siempre seré la tierra fértil donde germines. Autor: Reina Torres Pérez
En medio de las risas y testigo del llanto, oyendo y viendo gentes remotas a mi lado, en una soledad sin palabras ni gestos, acaso solo y triste, me doy cuenta, me hablo.
Por este no morirme me estoy muriendo a diario. Desde mi cuerpo grito noche a noche, me espanto de que sean míos mis brazos, de que yo sea mi cuerpo... tan ajeno, tan largo. El dolor de mi espalda no es mi dolor. ¡Qué amargo el endulzar las horas con libros sabios! Podría estar aquí si no estuviera en un hombre sin labios. Me aproximo a la tinta cuando escribo llorando. Hace una hora estuve en un Café, en la calle, en un colegio del que mejor no hablo.
Ayer fui al cine. Antier me quedé en mi cuarto. Todos hacen que viven o que mueren, yo hago que hago. Hablo de este dolor y de esta ausencia, de tu dolor y de tu ausencia es que hablo. De tu pleito de anoche con tu hermano, de tu tristeza, huérfano, de tu disgusto, enamorado, de tu esperanza, pobre, de tu ternura, desgraciado. Hablo de todo lo que tiene origen en este estar aquí desesperado y hablo también de lo que no lo tiene, y nos zozobra dentro, y nos golpea como un pájaro ciego, enajenado.
Mi sangre es sangre de hombre y yo no la compré ni la regalo. Cae gota a gota de mi lengua cuando hablo porque tengo la lengua en mi quijada clavada con un clavo.
Pero mi sangre abunda, viene de todos los desamparados, de todos los que no esperan nada esperanzados. Terribles, largos días, breves años, sin casa nunca, sin descanso. El corazón golpeándome en las manos, los ojos sumergidos en un vaso con noche sobre el buró, mirando. Y otra vez el rebelde y el manso. Y el buscarse entre extraños que se visten de uno y hablan como uno a ratos. Quizás yo soy este dolor de muelas en la cara del diablo. Detrás de todas ventanas vacías que ven pasar de noche el viejo espanto yo soy como una vela enmudecida en las manos de sombra del milagro. JAIME SABINES
Estoy en esa edad en la que un hombre quiere por encima de todo ser feliz, cada día. Y al júbilo prefiere la callada alegría y a la pasión que mata, la renuncia que hiere. Vivir entre las cosas mientras que el tiempo pasa -cada vez menos tiempo para las mismas cosas- y elegir las que valen una vida: las rosas y los libros de versos, y el viaje y la casa. Hasta ahora he vivido perdido en el mañana --seré, seré, decía-o en el pasado -he sido o pude ser pensaba-y el mundo se me iba. Ahora estoy en la edad en la que una ventana es cualquier aventura, y un regalo el olvido. Ya no quiero más luz que tu luz mientras viva. Autor: RAFAEL JUAREZ ORTIZ (De Lo que vale una vida, 2001).
|